lunes, 24 de marzo de 2014
Ganas de llamarte
RETOCADA la voz del asco
la reclamante palabra
el eco del pasado
lo efímero…
sueños del suelo
el espato del despertar
dejar en el almohadón
helando las pesadillas
ser vendaval albor
núbil consumación
agonía sin rumbo
o fuego al viento
y no quemar
los extraviados
peinadores esclavos de
la melena tupida del negro
minotauro
Ariadna minúscula
como gota de vino
enjaulada
víctima del reclamo
insiste por entre lágrimas
derramada
las copas de la bestia
que el hijo primero
ha de llevar una rosa
en la espalda
antes del duelo
y las arenas del mar
los pétalos como gaviotas
y un cordón de plata
que no llega
y se desangra del todo
entre dos lunas
martes, 4 de marzo de 2014
Aleteo tentativo
Sátiro en serie
televisado sin pretender
grandes sobresaltos
como una caricatura pespunteada
trazos de granito y niebla
entre el tiempo y la ruina
en el almanaque de lomas
terraplenes y lagunas
suelo ser
pedacitos de sombra
polvo en los pétalos
algo de sol en el pavimento
y a ratos
entre un desliz y un suspiro
como quien inhala algo de aire
un dios clavado en tu costado
de esos que tientan y seducen
con vista al mar
y al pecado
miércoles, 5 de febrero de 2014
Cánticos del viento II
Insensato como he sido
apuesto a la naturaleza
y su arrebatada explosión
de paraíso permanente
para desafiar el orden lineal
el tiempo se tiende al cuadrado
y escucho croar la lluvia como
rana de orquesta
hay instantes en que los recuerdos
no son de gloria
sino de hastió y resignada
pérdida
sobre el lecho los fantasmas del ayer
cantan como náyades
ninfas de la perdición
valquirias de la conquistas
pretéritas pompas de jabón
sirenas del delirio
ecos
atado como Ulises al poste del presente
solo escucho
y pierdo poco a poco
con húmedas miradas
aquello poco que me ata a la cordura
y me recuerda que un día fui
feliz de 8 a 11
y que era vano
como la espera en un café distante
incluso en París lejano entre cigarros
mientras todas las miradas del mundo
caídas de otoño eran
barridas de la calzada infinita
por aquel viento
calmo y frío que
cobijaba a la ciudad poblada
en amarillas farolas ebrias de siglos
en un mes cualquiera
sin mayores interferencias de luz
en el grado cero de la sombra de mi
desmemoria
cuando incluso los fantasmas huían del
fuego
y los graznidos de las gaviotas del
puerto
lunes, 3 de febrero de 2014
Precisiones léxicas
No puedo negar el conflictos
entre las letras y el instinto
la brutal fuerza de estas palabras
la brutal fuerza de estas palabras
extranjeras
fatídicas e incluso
fantásticas que dejan un frío
de páramo con templado
regusto a regaliz
nuez moscada
zumo de naranja y
manzana de perdición
en el campo colindante
del vergel púdico de una
olvidada Eva
en la esquina de las tentaciones
miércoles, 29 de enero de 2014
Fuga
Torpe pero siempre y
terco sin aparentes nuncas
el interpretamen trata de mantenerse
erguido
sin permitirle espacios a la inercia
brutal de la magia
se tiende como manta
ola reventada contra el arenal
el fenómeno del tránsito al juego
es una flor de alabastro
el chisporrotear de las flamas sobre el
leño
un archipiélago de tonos
lento terco inerme torpe
el presente yace en el aleteo del colibrí
y se marcha sin escrúpulos
con la única certeza
del pasado y su osamenta
sólida estructura del nunca más
plétora en flor de lo que ha sido y fue
de lo que no será
no hay repetición instantánea
el tiempo se burla de lo real y
se aburre de nosotros
acelerada contingencia del ser
donde el ahora no es más que
una reacción en cadena
de la ilusión del presente en pasado sumo
lunes, 27 de enero de 2014
Cánticos del viento I
La pasión surtidora de delirios supo
hacer nido en mis cabellos
ramas de melancólica brisa
posada a mi diestra como la tarde
y el tictaguear que no se detiene
la fuga no alivia retumba entre eco
y eco la fiebre alucinada
y aquella mecánica fílmica ojos adentro
abrazado a la almohada
en un intento desesperado de
quienes clamamos al sueño
en mí
sienes agudas y firmes cuestionan con
insistencia
¿la terquedad es un destino?
qué de la rosa aquella que el humo
llevó al cielo
dónde las horas niñas
la timidez exacerbada
el rubor del instante nunca concluido
ni consumado
quién sabrá lo que pudo ser
si hubiese sido
la posibilidad es un duende maldito que
se burla
y tus ojos como un enigma
como un barco fantasma que allende pasa
como una nao de sol que disputa el ocaso
y nacer incesantemente
y partir con tanta violencia
siempre nacer y ser nuevos
y otros
para renunciar a todo
incluso a las huellas
la noche es una condena
una colmena en silencio que zumba
incesante como una turbina
como el chirriar del filamento de los
bombillos
retumba
allí se chamuscan un par de ideas
acabadas de nacer
como moscas trastornadas y ciegas
dónde están las naves qué quemamos
el día de la llegada al puerto de la
desesperanza
lodo oscuro estrellas claras
luna madre indiferente y fría
y una mar repetida en olas de sal que
estalla
blanca espuma
seminal irrupción de la vida al filo de
todo misterio
al filo de la vida misma
y un espejo roto
donde mirar… mirándonos
jueves, 23 de enero de 2014
Destellos de memoria
No era una descripción de la batalla
era la batalla toda
y siempre fuimos más de 12 los 3 y casi
7
caminé por sobre las rocas del presente
como sombra
descalzo y taciturno a la par que
rememoraba
los días de la infancia primera y los
códigos de la fuente
piedras tras piedras en la pendiente de
la mañana
se acumularon como el pasado y el serrín las
horas
la Guatemala es una marca ineludible en
la memoria
como una zanja absurda en los campos del
exterminio
donde todo fue posible y tenue como masa
de harina
a punto de saltar al horno y subir al
cielo entre miradas
blanco y negro o tecnicolor entre ojos
golondrinas
y correr abajo los campanarios agitando
la vida en bandolera
las mañanas de sol el polvo del parque los
aguaceros torrenciales
los peces y la escalera china
la horda que fuimos armados al combate y
el mundo del revés
corre tras las nubes glaseadas y un par
de perros
meneando el aire con sus colas de bienvenida
pilotear las naves en el patio las
pelotas del mete gol tapa
el chillido insistente las cuerdas las
colchas los niños dormidos
aquel fragante rosa que tiene una terca
inclinación al olvido
pasos lentos poncho azul un largo cigarro
y puerta de calle
las palabras se derriten al paladearlas como
helado
al medio día el cielo profundo la voz de abuelo
retumban
y la muerte que siempre fue una invención
que no tuvo puerto
hasta caer como plomo y tierra sobre
tierra
barro al barro lagrimas de estación
flores de papel
y descubrir que allende el día el dorado
río
no perdona
ni olvida
pero qué importa si a fin de cuentas
todas las batalla terminan en risas
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