miércoles, 10 de marzo de 2010

días cualesquiera




aquel perro ladró cuando la tarde se ataviaba en viento frío para despedirse
como abrazads de bufandas al cuello los montes se erguía infinitos sobre la niebla
aquel instante de aleteo de colibrí plasmado en mi retina asaltante
era como sed de días lo que sentía el sol de retiradas tras las cortinas de humo
mientras la tarde se escurría como lágrimas sobre los pétalos ladrillo de los tejados

los caminantes apestaban a esa hora con sus repetidas sonrisas de oficinista insatisfecho
las calles se poblaban de ecos de pasos de tacos cansados de frenos de pitos resignados
de gente común que se agarra de lo que puede antes de rendirse a la demencial ruta
e ir gritando
a voces sueltas desde las televisadas instancias de sus vidas medicadas medianeras mediocres
todo lo que hace falta y nunca llega

la noche se abría de piernas como las flores invitando a jugar y jugar apostándolo todo
mostrando los premios con la impune pornografía del hambre nos ofrecía el cielo
pero el ejército de taciturnos metieron las manos a boca llena en los agujeros de la insatisfacción
extrayendo el corazón de mosca de las inciertas promesas del ganador caído en abismos

los números cantaron 69 y ella sonrió alucinada de luna
mirando por el culito del ojo sospechó lo que vendría
a la derecha dio con un sangrerío de humillaciones a la sombra de las cruces
a la izquierda oscuridad y pérdida de sentido dictabale la memoria

pero yo que mentí y fingía ser bueno
callaba
me dolían las piernas y ya Fredy no podía atarme los cordones
había perdido los dientes
caminar era un cuesta arriba incluso en las bajadas
pero entre todo este universo de rendiciones
descubrí hoy un aroma que me robó el juicio
por eso me pudriré entre las fisuras del pavimento y el smog
donde me dejó caer con el último terremoto
antes de rendirme a tus caprichos de hembra
y ciudad milenaria

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